Aventura 2: Fracturas espaciales y meriendas interdimensionales (II)
Mar 2, 2026 - ⧖ 16.0 minPublished as part of 'Aventuras' series.
Desarrollo de la aventura: una nueva dimensión de calamidades
Vuelan. O, para ser más precisos, dos de ellos vuelan y el tercero parece que está intentando batir algún tipo de récord de torpeza aerodinámica. El cielo se ha vuelto un caos de nubes negras que giran en espiral y rayos púrpuras que crujen con la energía de mil tormentas. El aire huele a mar quemado y a la electricidad de un mal presentimiento.
—Esto no parece un agujero negro —comenta Estrella, esquivando un relámpago con una agilidad que contrasta violentamente con el espectáculo que está dando Energian a su lado—. Parece más bien un huracán oscuro y muy, muy cabreado.
—¡Es una singularidad cuántica, obviamente! —brama Energian, intentando sonar inteligente mientras casi se estampa contra un cacho de escombro flotante—. ¡Mi control sobre las energías cósmicas me permite sentirlo!
—Lo que tú sientes es el aire entrando demasiado rápido por esa cabeza hueca —murmura Intenso para sí, pero no lo suficientemente bajo.
—¡Te he oído!
—¡Era la intención!
—PIT, PIT, PIT —interrumpe Lúmina en sus comunicadores, con la calma de un contestador automático que anuncia el apocalipsis—. Os estáis acercando a la brecha espacio-temporal. Para que la entrada sea exitosa y no acabéis convertidos en una sopa de partículas elementales, os recomiendo volar a gran velocidad y en formación. La probabilidad de desmembramiento molecular si entráis por separado es del... bueno, es alta. Muy alta.
Se hace un silencio, solo roto por el aullido del viento.
—Vale, formación —dice Intenso, tomando el mando como si no le quedara más remedio—. Yo iré delante para abrir paso. Estrella, a mi derecha. Energian... tú a la izquierda. Y por el amor de lo que sea, intenta volar recto. ¿Puedes? ¿O es una habilidad que no desbloqueaste en el tutorial?
Intenso se coloca magistralmente, como un misil humano listo para perforar la realidad. Estrella, con una pirueta que haría llorar de envidia a un piloto de cazas, se posiciona a su lado, creando una estela de luz. La maniobra es impecable, profesional, digna de un fondo de pantalla.
Y luego está Energian.
Energian, en un alarde de "sujetadme el cubata cósmico", no defrauda. Intenta una maniobra que probablemente vio en una película de ciencia ficción de bajo presupuesto. Se pasa la formación no por tres pueblos, sino por toda una comarca. Da una vuelta de campana que no venía a cuento, choca con el borde del portal con un sonoro ¡BOINK! que retumba en los comunicadores y, para rematar, sale despedido hacia el mar al otro lado de la brecha.
El cuerpo de Energian impacta contra el agua y hace una, no, dos... tres... ¡cuatro ranitas perfectas! antes de hundirse con la elegancia de un ancla de trasatlántico.
Estrella e Intenso se quedan flotando en el aire, paralizados. Se miran. Hay un segundo de silencio atónito.
—¿Acaba de...? —empieza Estrella.
—Sí. Ha hecho ranitas. Con su propio cuerpo —confirma Intenso, con una voz a medio camino entre la incredulidad y la más profunda de las resignaciones.
Antes de que puedan decidir si ir a rescatarlo o simplemente dejar que la selección natural siga su curso, Energian emerge del agua. Lo hace con una pose heroica, el agua cayendo a su alrededor como si fuera un anuncio de champú, y una expresión en la cara que grita: "¿Qué pasa? Lo he hecho todo a propósito. Era una maniobra táctica de distracción acuática".

Tras el chapuzón táctico de Energian, el trío recompone la figura. O lo intenta. Estrella es la primera en darse cuenta de que algo va non-standard en el nuevo escenario.
—Chicos... —murmura, señalando al cielo—. O a mi traje le ha entrado agua en los sensores, o el cielo es verde y el sol, morado. Y, oye, ¿no veníamos de Almáriz? ¿Por qué la estoy viendo allí?
Efectivamente, la costa de Almáriz está ahí, pero todo tiene un filtro de Instagram aplicado por un daltónico con muy mala idea. Antes de que puedan debatir sobre las implicaciones filosóficas de un sol violeta, el portal por el que entraron se cierra con un susurro, como un "adiós y gracias por el pescado" cósmico. Solo quedan unas chispas de energía residual.
—¡Genial! —resopla Intenso, aporreando su comunicador—. ¡Sin señal! No puedo contactar con Lúmina. Y, por supuesto, la radio con el búnker de Superhéroes Inc. tiene menos cobertura que mi móvil en el metro. Intentaré arrancar el "modo aislado" de Lúmina, a ver si al menos nos sirve de GPS en este mundo psicodélico.
—¡No temáis! —brama Energian, hinchando el pecho como un palomo—. ¡Seguidme! Conozco un lugar que nos dará respuestas.
Estrella e Intenso intercambian una mirada que comunica, sin palabras, un tratado completo sobre la nula confianza que les inspira el plan. Pero sin otras opciones, lo siguen. Debajo de ellos, un Almáriz silencioso y vacío se extiende como una maqueta.
—No hay ni un alma en las calles. Esto es más raro que un político honesto —susurra Intenso.
El "lugar seguro" de Energian resulta ser la ubicación de su base secreta, que en su dimensión está ingeniosamente oculta bajo la casa de su padre. Aquí, sin embargo, en su lugar se yergue un flamante centro comercial de tres plantas con una bolera en la azotea.
Energian se queda flotando, boquiabierto. —Pero... ¿mi fortaleza oculta, mi spide-rnido, mi batcueva?
—Vaya, parece que en esta realidad eres el heredero de un imperio de zapatos en lugar de un superhéroe con problemas de ego —se burla Estrella.
Sin decir palabra, Energian, con la cola entre las piernas, guía al grupo hacia la torre de Superhéroes Inc. Consiguen entrar, pero el lugar está más vacío que la cartera de un estudiante a final de mes.
—¡Esperad! —dice Estrella—. Oigo algo. En la sala de ordenadores.
Allí encuentran al agente Felipe Trueva, o una versión de él. Está desaliñado, ojerudo y, lo más llamativo, es de un delicado tono azul pálido, con el pelo de un verde moho que haría las delicias de un diseñador de interiores gótico.
—¡Felipe! —saluda Intenso, aliviado de ver una cara ¿conocida?—. ¡Qué alegría!
Felipe se gira y empieza a hablar. De su boca sale un torrente de sonidos que parecen una mezcla entre un módem de 56k y una cabra enfadada. Es, a todas luces, ininteligible. Tras varios intentos de comunicación fallidos que incluyen una patética sesión de mímica sobre "agujero negro" (Intenso parecía estar bailando la Macarena), Felipe suspira y les tiende un objeto metálico parecido a una trompeta.
Intenso, nuestro héroe super-inteligente, lo coge, le da un par de golpecitos de rigor (el protocolo universal para la tecnología que no se entiende) y se lo lleva a la boca. Sin poder ocultar su cara de idiota, de repente cae en la cuenta de dónde está el botón de encendido y se separa el artilugio de la cara.
De la trompeta surge la voz de Felipe, ahora en un castellano tan perfecto que a los héroes casi se les saltan las lágrimas.
—Estupendo, ya me entendéis. Me alegro de que la dimensión del "otro lado" haya enviado ayuda. Aunque me temo que es tarde. Espero que al menos podáis cerrar la brecha para que el monstruo del vacío no os atrape también.
—¿Monstruo... del vacío? —preguntan a coro, como en una mala obra de teatro.
—Sí. Una especie de mantarraya cósmica gigante que se come la realidad. Llevamos meses viéndola "merendar". Se ha comido ya varias señales de tráfico y los semáforos de un par de glorietas. Parece que le gustan las normas de circulación.
—¿Y la agente Vega? —pregunta Estrella.
—Bocata de calamares cósmico —dice Felipe con la emoción de quien lee la lista de la compra—. Fue en la primera expedición. El monstruo la engulló.
—¿Y los demás? ¿Toda la ciudad?
—¡No, qué va! —responde Felipe con una carcajada amarga—. Hicieron lo más valiente que se puede hacer: meterse en un búnker a 500 metros bajo tierra. Como si eso sirviera de algo. ¡Pandilla de lumbreras! Con ellos hay unos compañeros vuestros que se estrellaron en la playa hace unos días. Vieron el percal y se unieron al club de las avestruces. Yo me quedé, a ver si ocurría un milagro... y bueno, aquí estáis vosotros. No es para tirar cohetes, pero es lo que hay.
—Pues vaya tela —piensa Intenso en voz alta—. Oye Felipe, ¿cuánto tiempo nos queda antes de convertirnos en el postre?
—Calculo que... media horita. Minuto arriba, minuto abajo. Disfrutad del aperitivo.
—¡Al lío! —gritan, saliendo por patas.
De vuelta a la "zona cero", Lúmina (en modo local) ya tiene una solución:
—Análisis completado. Para reabrir el vórtice, debéis concentrar vuestros tres tipos de energía en un único punto. La resonancia cuántica debería crear un efecto llamada.
—Vale, fácil. Juntamos los rayos y a casa —dice Intenso. Justo entonces, tres sombras, o más bien, tres ausencias de sombra, se materializan ante ellos. Son como agujeros en la realidad con muy malas intenciones.
—Monstruos de vacío. Estupendo —masculla Estrella.

Antes de que puedan adoptar una pose de equipo, los vacíos se lanzan sobre ellos. Energian, en un golpe de suerte (o de pura potra), vaporiza a uno con un rayo certero. Los disparos de sus compañeros, sin embargo, salen tan desviados que probablemente han matado un par de gaviotas en otra dimensión.
Estrella intenta usar su telequinesis para hacer que los dos monstruos restantes choquen entre sí. Lo único que consigue es que aceleren y se abalancen sobre Intenso, que los esquiva por los pelos, tropezando en el aire y soltando un improperio.
—Pff, aficionados —resopla Energian, sintiéndose el héroe del día—. Dejad que os enseñe.
Con una soberbia insultante, y más por caos que por pericia, acaba con los otros dos monstruos.
—¡Concentrad los rayos, novatos! —grita, ya crecido.
A regañadientes, obedecen. Los tres rayos se unen y el portal se abre con un satisfactorio sonido de bolsa de palomitas explotando en el microondas: ¡POP!
Al instante, sus comunicadores cobran vida. La voz de su agente Vega, la que no ha sido merendada, resuena en sus oídos, tan estresada como siempre.
—¡YA ERA HORA! ¡Tengo tres dimensiones en espera y un apocalipsis programado para las cinco! ¡Explicad!
Estrella resume la situación. La orden de Vega es clara: evacuar a los agentes del búnker y a quien quiera salir de ese infierno psicodélico, y luego sellar la brecha. El cómo sellarla es un "problema para vuestro yo del futuro".
Mientras el agente Felipe y Lúmina colaboran para encontrar una solución, los héroes organizan una evacuación exprés. Una vez que la nave de reconocimiento, llena de supervivientes aterrados, cruza el portal hacia el lado "seguro", Energian se gira hacia sus compañeros con una sonrisa de maníaco.
—Oigo más de esos bichos del vacío al otro lado de la ciudad. ¿Qué os parece si vamos a entretenernos un rato mientras esperamos al calamar gordo?
Al otro lado de la ciudad una banda de monstruos de vacío parece que están obsesionados con comerse las señales de tráfico; en serio, ¿qué trauma tienen estos bichos con las normas de circulación? Al encontrarlos, deciden probar una estratagema que solo podría calificarse de "absurda con ganas".

—Vale, atención —susurra Estrella, señalando un contenedor de basura a rebosar—. Voy a lanzarlo al otro lado de la plaza para llamar su atención. Será sutil.
Con una concentración digna de una final de ajedrez, levanta el contenedor con su telequinesis, lo hace girar sobre sí mismo con una elegancia soberbia, y lo lanza en un arco perfecto que lo hace aterrizar con un estruendo metálico a tres calles de distancia. Todos los monstruos de vacío, como un solo ser, giran y se lanzan como locos en esa dirección.
—¡Perfecto! —exclama Energian—. Ahora siguen sin detectarnos, pero tenemos que volar más lejos para perseguirlos.
Su mirada de "qué pereza" deja claro que la brillantez del plan no le ha impresionado.
Cuando llegan donde están los monstruos, la sorpresa se convierte en un pandemonio. La lucha es corta, pero intensa y ridícula a partes iguales. Energian, con la finura de un mazo, revienta a dos de los monstruos con sendos rayos que dejan olor a ozono y a victoria barata. Otros dos, en un giro de guion inexplicable, sufren una explosión espontánea, se auto-tragan a sí mismos y desaparecen con un plop húmedo, como si el universo se hubiera avergonzado de su propia existencia.
Intenso, queriendo demostrar su maestría, desintegra a un monstruo con un rayo tan certero que lo convierte en una nube de polvo de vacío. Envalentonado, dispara al segundo, pero con la puntería de un arquero ciego en un tiovivo. El rayo rebota en el suelo y le da de lleno en su propio pie, provocando un aullido de dolor y una retahíla de insultos que Lúmina censura púdicamente en el comunicador. Mientras tanto, Estrella, por fin, consigue que su truco de telequinesis funcione a la perfección: hace chocar entre sí a cuatro de los monstruos, que implosionan al contacto, y estampa a un tercero contra el asfalto, dejando un cráter lleno de baba cósmica.
—Bueno, esto ha sido demasiado fácil... —comenta Energian, con una falta de alegría que casi parece decepción.
En ese momento, Lúmina les avisa de que tienen una llamada urgente de la agente Vega desde su dimensión.
—¡Hemos conseguido encontrar una forma de cerrar la brecha, así que moved el culo para aquí! Felipe os pasará las instrucciones para que, combinando vuestros rayos de forma precisa, podáis coser el agujero desde este lado.
Los tres héroes se miran, y por una vez, están de acuerdo sin decir nada. Intenso toma la iniciativa.
—Agente Vega, esta dimensión está condenada sin nuestra ayuda. Hay gente aquí que conocemos. No tenemos intención de abandonarlos, vamos a luchar contra el Devorador.
Energian se acerca a Estrella y le susurra:
—Con lo de "Devorador", se refiere al calamar grande, ¿no?
Estrella se limita a girar los ojos en una órbita completa.
La agente Vega estalla en una furia que casi derrite los comunicadores. —¡HE DICHO QUE MOVÁIS EL CULO PARA AQUÍ! ESTRELLA, POR FAVOR, HAZLES ENTRAR EN RAZÓN, TÚ ERES UNA PERSONA ÍNTEGRA, NO COMO ESTOS MAMARRACHOS. ¡TENÉIS QUE...!
Antes de que termine la frase, Estrella se quita el comunicador y lo aplasta en su puño.
—Creo que no va a estar contenta cuando volvamos —comenta, con una media sonrisa—. Vamos, será mejor que consigamos detener al calamar.
—Insisto, es mejor "el Devorador" —replica Intenso—. ¡Queda más épico!
Pero los otros dos ya están volando a toda velocidad hacia la mancha negra gigantesca que ha aparecido en el cielo. Es como un edificio de veinte pisos hecho de pura oscuridad, con dos ojos amenazadores suspendidos en el medio del vacío. Ladrillos, coches, y las pocas señales de tráfico que quedaban en pie empiezan a ser absorbidas por la criatura.
—Lúmina avisa: utilizad energía gravitacional para atacarlo, las armas convencionales no servirán de mucho...

El bicho impresiona, pero Energian, con su habitual exceso de confianza, le sacude tres disparos críticos con sus rayos de energía espacial que lo dejan temblando y soltando un quejido sordo. Intenso, por el contrario, consigue apuntar al monstruo, esta vez sí, pero el efecto es el opuesto al deseado. En lugar de dañarlo, el rayo parece recargarlo de energía negativa. El monstruo se cabrea y empieza a soltar grava intergaláctica y señales de ceda el paso como si fueran shurikens, dejando a los héroes algo tocados. Acto seguido, el monstruo emite una onda gravitacional expansiva. La onda golpea de lleno a Estrella, que cae inconsciente hacia la calle.
—¡No temas, Estrella! —grita Energian, ajeno a la gravedad de la situación (juego de palabras no intencionado)—. ¡Este calamar no tiene ninguna posibilidad!
El Devorador, en el colmo de la furia y la frustración, entra en una especie de berrinche cósmico. Se retuerce sobre sí mismo y, en un acto de automutilación que haría llorar a un psicólogo intergaláctico, sus dos gigantescos ojos de vacío son absorbidos por su propio cuerpo con un grotesco sonido de succión. Literalmente, se ha comido sus propios ojos del cabreo.
Y con la potra que solo un superhéroe tan caótico como él puede tener, es justo en ese momento de ceguera autoinfligida cuando Energian alcanza dos veces más al monstruo con disparos a la desesperada. Los rayos impactan en puntos vitales que ni el propio Energian sabía que existían, haciendo que el Devorador se contraiga y desaparezca de este plano de existencia con un lamento final.
El monstruo se desvanece, dejando una brecha de la que empiezan a surgir todas las cosas que se había tragado. Por un momento, el universo recupera su sitio, devolviendo a la agente Vega de esta dimensión y múltiples señales de tráfico y semáforos (¡por fin un poco de orden circulatorio!).
—¡Volvamos cagando cerillas a nuestra dimensión antes de que a nuestra agente Vega le dé un ictus! —dice Intenso a Energian con buen criterio. Recogen a Estrella con cuidado y la llevan urgentemente a la sede de Superhéroes Inc. para que la atiendan.
Poco después, las comunicaciones con "el otro lado" se mantienen lo justo para recibir el agradecimiento de la gente de Almáriz de la dimensión vecina. La brecha comienza a cerrarse sola; al parecer, hacer agujeros en el multiverso no es sostenible a largo plazo. Antes de que las comunicaciones se corten, Energian recibe un regalo del Felipe del otro lado: un artefacto para duplicarse en las batallas.
—Parece útil —piensa Energian—. Aunque, ¿para qué? Con mi belleza y mis músculos, me basto conmigo mismo.
La paz vuelve a Almáriz. El pescado regresa a las lonjas y los superhéroes a patrullar la noche. Estrella se recupera rápidamente y vuelve a su vigilancia de los barrios olvidados, donde sin ella, la gente se siente perdida, sin luz.

La agente Vega se sienta en su despacho. Ha sido una semana terrible. Cuando volvieron con Estrella herida, se le pasó el cabreo de inmediato y se puso en modo madre protectora. No en vano son su escuadrón de élite. No en vano son lo mejor que se puede esperar para proteger Almáriz... "así nos va", piensa con un poco de culpabilidad y otro poco de orgullo.
Y así, la ciudad volvía a estar tranquila, al menos hasta que el próximo calamar cósmico decidiera pasarse a por el aperitivo. Almáriz dormía en paz, sin saber que su seguridad dependía de un gafe con suerte, un estratega con la puntería de un topo y una heroína que todavía no tenía claro si prefería la telequinesis o una buena siesta. ¿Qué podría salir mal?
FIN